Aparte de tí nos han visto

martes, 26 de marzo de 2019

NADA.TODO.

Nada. Todo.
Llovía. Y la lluvia no cesaba.  Siempre continua, siempre descendiendo solemne sobre nuestras cabezas.  Creo recordar que por aquella época había caído en la rutina. Pero a decir verdad ni me importaba, ni, aún a día de hoy, me importa lo más mínimo. Levantarme, desayunar, vestirme e ir al trabajo. Un trabajo gris, como todos los días de mi vida. Recuerdo difusamente cómo cada mañana al bajar en el ascensor, tenía que saludar forzosamente a cada uno de mis vecinos, mayores, solitarios, e incluso algún que otro inútil con aires de intelectual. Aquel día pintaba ser como otro cualquiera. La misma ciudad, la misma lluvia, la misma soledad abrumadora. Al cruzar el portón de cristal que separaba el interior del edificio del resto del mundo, me encontré, casi de frente, con un ser del que estuve cerca de sentir cierta lástima. Su estatura no distaba demasiado de la de un niño de cuatro años. Estuve a punto de tirarle al suelo, pero poseía un misterioso equilibrio que yo creo, era debido a su corta estatura. Pese al incidente él continuó como si nada hubiese ocurrido. Creo recordar que le pedí disculpas, pero él apenas llegó a escuchar una sola palabra de mi boca. A las diez menos cuatro minutos me encontraba frente al enorme rascacielos de oficinas que resultaba mi rutinario lugar de trabajo. Y de repente lo vi, frente al recibidor, con un jubón de tela, excesivamente mojado, y con una expresión ciertamente vacía en el rostro. Entonces lo decidí, debía hablar con él, no era pura coincidencia. Me dirigí hacia él, con paso firme, pisoteando cada gota de lluvia que en mi camino se encontraba. Llegué a su encuentro a las diez menos tres minutos. ¡Y cuán fue mi sorpresa al ser él quien comenzase nuestra curiosa conversación!
-         - Encantado de conocerle, Señor Deckard. Le estaba esperando. Se ha adelantado dos minutos y 47 segundos.
La expresión descolorida e inexpresiva que se dibujó en mi faz dejó maravillado a aquel pequeño hombre que se encontraba frente a mí.
-          -No se asuste, no se asuste, por favor. ¿Tampoco soy tan feo, no?-se rio mostrando una dentadura claramente desgastada por el paso del tiempo.
-          -No… no, hombre, por supuesto que no. Simplemente me ha asustado que usted me estuviese esperando, no le conozco de nada.
-         - ¿Tan pronto me has olvidado Billy?-tras mi incertidumbre continuó hablando:
-         - Está bien, ahora escúchame, tengo que contarte algo muy importante y no dispongo de mucho tiempo.
-          -Tampoco es que el mío me sobre, de modo que sea ustd algo más concreto, por favor.
-       -   Entonces présteme mucha atención, solo lo diré una vez y jamás lo repetiré.
-         - Habla pues.
-         - Mi nombre es William Deckard. De repente esas palabras del enano me aterraron profundamente.
-         - ¿Qué acaba de decir?
-         - Tranquilo, ya te he dicho que te tengo que revelar algo muy importante.-mi cara de absoluta sorpresa debía ser un cuadro digno del mismísimo Munch- Sígame, entraremos en este postigo y le mostraré la verdad de las cosas
-          -¿De qué cosas?
-        - De todo y de nada 
Me condujo por un estrecho y angosto corredor, que parecía no tener un final visible. A las diez menos 1 minuto llegamos al final del pasillo. Había una puerta, o una ventana, no lo recuerdo con exactitud. Misteriosamente habíamos llegado al ático del edificio. Creo que yo estaba en una especie de trance, ya que tengo un difuso recuerdo de cómo se desarrolló todo lo siguiente.
- Yo soy tú, querido Will.
Aquella mañana yo no dejaba de asombrarme segundo alguno. Aunque no fui capaz de articular palabra alguna en toda la conversación.
Ese día el oscuro cielo de la urbe parecía resplandecer en un brillo especial, algo cuya presencia apenas se advertía en la mediocridad del gris usual. El viento venía algo frío, pero no lo suficiente como para que pudiera sufrirlo. Abajo los ciudadanos continuaban con sus quehaceres rutinarios, ajenos a lo que ocurría sobre sus cabezas. Nunca sabrían nada. Que la verdad me revelaría el enano, y pues habló con grata voz:
-        - ¿Qué crees que pasaría si me tiro desde aquí arriba?
No entendía a aquel enano suicida.
-          -Piensas que moriría, lo veo en tu cara. Sin embargo, déjame demostrarte que eso no es así.
De repente sin mayor preámbulo se precipitó al vació con un silbido susurrante producido sobre el viento al caer. “Sí que ha sido corta la conversación” pensé para mis adentros con cierto humor negro. No sabía cómo reaccionar, ¿llamaba a alguien, bajaba a buscar ayuda…? Y en aquel preciso instante volví a oír su voz, la mía, que sin vacilación alguna se dirigía hacia mí, caminando lentamente. No le veía, porque no podía darme la vuelta, de modo que simplemente le escuché.
-         - ¿Qué es la vida? Se han preguntado muchos. Esto no es verdad, solo se lo ha preguntado una persona, tú; porque solo tú sabes la respuesta, ya que tú eres la respuesta. Sé que no entenderás nada, tranquilo, sé lo complicado que resulta. Todo existe porque tú crees en ello. No te creas que eres un dios, ¡ni mucho menos! Simplemente eres todo. Desde pequeño has estudiado que el cuerpo humano tiene un corazón, un cerebro, músculos, huesos, etc. Y eso es así en este mundo porque tú has querido que así sea. A decir verdad eres un alma fascinante querido Will. Has creado la luz, a un ser capaz de hablar, moverse e incluso pensar. No todo el mundo posee tu inteligencia créeme. Imagino que todavía no me entenderás, de modo que te explicaré quién soy yo. Soy la parte más remota y escondida de ti, soy lo que siempre quisiste ser pero que tú mismo anulaste al nacer.
No me apetecía interrumpirle, pero me vi en la obligación de ello:
-          -No te ofendas, pero no eres exactamente el prototipo perfecto de mí.
-          -Claro que lo soy, siempre has estado preocupado por lo que pensarán los demás, por el qué dirán. Yo no. Por eso quieres ser como yo, pero no puedes porque tu mundo es demasiado perfecto como para manipularlo. Crees que eres uno más pero no, eres el único, no porque seas diferente al resto, sino porque no existe un resto. Todo es cosa tuya, el amor, las mujeres, los animales, el Empire State, Marte… Todo lo has creado tú, pero no el tú tal y como lo conoces ahora, sino el tú de verdad, el que no posee ni cuerpo, ni cerebro, ni corazón, pero sin embargo existe. Esto no es el mundo, sino tu visión personalizada y manipulada de él. El mundo no es un lugar físico, sino un estado. Un estado en el que existes, en el que no naces ni mueres. Y la vida no es más que tu propia imaginación de lo que podría ser. La muerte y el nacimiento son lo mismo y es lo único que tienen en común todas vuestras vidas.
-          -¿A qué te refieres con nuestras?
-         - A todas las almas que os encontráis en el mundo, como estado. Y ahora, si has entendido todo lo que te he dicho, que espero que sí, ¿te preguntarás por qué he elegido este preciso día para revelarte esto, verdad? –Entonces hubo una pausa espeluznante que se me hizo eterna- Aún en el mundo, existe la muerte, no como algo físico sino como un hecho, como el eliminar del ordenador o el suprimir. Y hoy es tu día, ese día en el que se acaba tu tiempo, para dejar paso a nuevas almas que quieran imaginar otro mundo igual, o incluso mejor que el tuyo. Por eso te he dicho que me queda poco tiempo, porque a ti te queda poco tiempo y no quería que desaparecieses sin saber la verdad.
-          -Pero ¿y qué pasa si no hago nada, si me quedo en este mundo de por vida?
-          -Eso no va a pasar.
Entonces noté que algo me empujaba hacia delante, como si el viento soplase hacia el borde del ático a mis espaldas. Yo veía como se aproximaba el final hasta que, de repente, resbalé y me precipité al vacío. Entonces pude ver en las paredes cristalizadas del edificio toda mi vida, o lo que yo creía que había sido, al menos. Mi niñez, mi juventud, mi primer trabajo… Y cada vez más cerca del suelo. Hice un cálculo aproximado del tiempo que me quedaba, basándome en mi peso y en la altura del rascacielos (234 metros). Faltaban 23 segundos para el final completo. Y aquí es donde me encuentro ahora mismo, a 5 segundos de mi muerte en este mundo y en el verdadero. No puedo pensar más que en cómo he vivido, y yo creo que lo he hecho bastante bien. Diría algo memorable para despedirme, pero qué importa si nadie lo va a oír o leer. Adiós, es lo único que se me ocurre, esa palabra inventada por mí y cuyo significado solo yo conozco. 3……. 2…….. 1………..

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