Aparte de tí nos han visto

miércoles, 28 de octubre de 2015

Del principio de todo y la creación de nuestro mundo.

Hace muchos años, demasiados para ser contados, antes incluso del principio de los tiempos no existía nada. En medio de toda esa nada existían unos seres sin cuerpo físico, tan solo haces de energía que siempre discutían por ver cuál era el más poderoso, todos ellos poseían grandes poderes, pero sus discusiones siempre quedaban en palabras. Entre todos estos seres existían cinco, los cuales  tenían más rivalidad entre ellos, eran jóvenes, todo lo jóvenes que pueden llegar a ser los seres eternos, y sus nombres eran los siguientes: Bilseux, Wïrin, Korc, Faith y Distel.
De entre todos estos seres había uno que era considerado el más sabio de todos ellos, quizá era el único que nunca había presumido de ser el mejor, indudablemente era el menos competitivo. Su nombre era Keew.
Keew observaba sus perpetuas discusiones y cansado de escuchar decidió intervenir por primera vez en sus peleas.
Pronto ellos notaron su presencia, pues cuando un ente con su misma esencia se trasladaba en el espacio se siente una gran perturbación y por primera vez habían notado la fuerza sumamente grande de Keew. Asombrados por su presencia no dudaron en frenar la pelea, Wïrin fue la primera en hablar, trató de mostrarse segura pero su voz tembló ante aquella presencia:
-Sabio Keew, ¿Qué motivo te ha traído ante nosotros?
-Oh joven Wïrin-contestó Keew -Vosotros sois la causa de mi presencia
Todos guardaron silencio. 
-He decidido venir a veros puesto que estoy cansado de escuchar vuestras peleas. Sin duda sois poderosos pero una gran habilidad solo es digna de quien sabe utilizarla. 
De nuevo quedaron estupefactos ante aquella declaración. Keew continuó entonces con estas palabras.
-Cada uno de vosotros tiene un gran poder, pero nunca lo habéis puesto a prueba. Podéis sin duda hacer grandes cosas, pero debéis controlar vuestra  doble esencia, algo de lo que nunca habíais oído hablar.
Bien, pues todos nosotros poseemos dos esencias, la que tiende a hacernos crear y la que nos hace destruir lo creado. Vosotros debéis saber que destruir no es más malo que crear demasiado, solo hay que saber cuándo crear y cuando destruir. Tendréis que dominar pues las dos esencias, hasta hacerlas una, porque no pueden ser la una sin la otra, porque ambos son parte de vosotros- Y Keew desapareció sin mediar palabra.
Así dejó a los 5, solos y confusos, pero sobre todo, recordando las palabras de Keew sobre crear y destruir. Y con más ansias que nunca de probar lo que verdaderamente pueden hacer.
Ansias de crear. Y destruir.
Bilseux fue el primero en intentarlo. <<Llenaré la nada>> dijo. Hizo un intento por visualizar su creación, erró varias veces, mientras la imagen cambiaba, adquiriendo una forma. Y entonces vio luz, algo para llenar aquel único lugar que pronto crearía. La imagen acabó por ser distinta a la previa. Una esfera, una simple esfera de materia. Y lo que imaginó tomo forma en el espacio. Como el barro en las manos de los hombres. Y entonces intentó crear la luz. Se sintió frustrado, no era capaz de hacerlo. ¿Y de qué servía su creación sin Luz?
-Te entrego la luz que iluminará tu creación- dijo Faith a su lado.
Y siguiendo el mismo procedimiento que Bilseux una esfera de luz mucho más grande se solidificó ante ellos. Al comprobar que su fuego abrasaría todo cuanto encontrara acabó por alejarla, hasta ser un punto de luz y una esfera apagada en medio de la nada. 
-¿Qué nombre le pondrás?-preguntó Faith. 
-Se llama Terra. 
-Bien, yo lo llamaré Lux.
Tras esto vieron que no eran nada los unos sin los otros. Unidos, trabajando juntos con todas sus habilidades. Así pues, empezaron a crear.
Faith contempló el espíritu destructor de aquel al que había llamado fuego y que había prendido a Lux y decidió crear los llamados 4 elementos; fuego, agua, tierra y viento, para que unos complementasen a los otros, pero todos los elementos acababan mezclándose y Bilseux levantó montañas y hundió valles para colocar cada uno en su lugar.
Wïrin apreció que aquel mundo era precioso, pero estaba muy solo. <<Crearé la vida>> dijo. Y del suelo comenzaron a brotar tallos, siempre cerca del agua de Faith.  Pero estos tallos crecían muy lentamente, y Wïrin quería ir más allá. Así creó los animales que dieron forma a todos sus proyectos. Per0 aún quedaba uno, uno más grande que los demás 
-Quiero crear seres que puedan razonar.
Su proyecto era ambicioso, y entonces Distel intervino. Comenzó a escribir una historia, moviendo los hilos de todas las criaturas ya creadas y de las que pronto existirían, trazaba sus caminos con toda la elegancia y la sabiduría que en él encontró, para que las criaturas de Wïrin siguieran sus destinos y nunca erraran. Para que sus vidas fueran tan perfectas como el mundo que ellos habían creado.
Todos estaban orgullosos de sus planes pero Cork sentía que sus criaturas  debían poder disfrutar del mundo que se les había otorgado y así fue como quiso crear el amor, la felicidad, el cariño, la valentía… Era la hora de bajar.
-Debemos bajar con la forma de mis criaturas, con el fin de contemplar nuestra creación desde su perspectiva.
Todos asintieron y así bajaron a la Tierra con forma de hombres y mujeres. Llevando Distel un cofre en el cual se hallaban todas sus creaciones y dones.
Era la primera vez que contemplaban su creación desde tan cerca. Comenzaron a apreciar las creaciones de los otros, y así Faith quedó impresionado por las criaturas de Wïrin y alargó la mano para tocar una flor. Y no sucedió nada. Poco después quiso sentir como era desde cerca su creación, y poco a poco se acercó a un río, que al contacto con su piel se secó. Wïrin temió por la vida de todos los seres que allí habitaban, pero al intentar acercarse comprobó cómo, al igual que la vida que había creado, también a su paso se extendía la muerte. Cork se dio cuenta entonces  del error que habían cometido, pues como advirtió Keew la destrucción y la creación, así como el bien y el mal, van siempre juntas. 
-Deprisa, terminemos lo que hemos venido a hacer. Pues sino lo hacemos rápido, acabaremos por destruirlo todo
Así pues Distel  se dispuso a abrir el cofre, y dejó su contenido sobre la tierra de Bilseux, Cork y Wïrin rodearon los elementos que en un círculo habían dejado; el libro donde Distel había escrito la historia de la humanidad, una piedra para que la tierra de Bilseux siempre estuviera presente allí, y una representación de los cuatro elementos de Faith. Arrodillandose frente a ellos, Wïrin dio forma al  primer hombre y a la primera mujer, pero estaban vacíos, y Cork les otorgó el don de sentir, todo en ellos habría sido bueno, de no ser por la imprudencia de aquellos, sus creadores. Pues queriendo Bilseux acercarse provocó un gran terremoto. Y así rodeados del mayor caos estuvieron cerca de perder sus criaturas. Al ver que su gran creación podía ser destruida en tan solo un segundo, decidieron rodear a la criatura dándose las manos. Pero, este acto provocó la extinción de los creadores. Varios haces de luz se dispersaron en aquel caos.
Kwee desde la nada absoluta, observó aquel terrible acontecimiento. Decidió no intervenir para mejorarlo puesto que, el destino quiso que sucediera así, un mundo con un poco de creación y otro poco de destrucción. Un lado bueno y otro malo.
Y así fue como nuestro mundo y nuestra existencia fue creada, desde la ambición, la envidia y la competencia, pero a la vez con amor, preocupación y seguridad. De manera que cada persona pueda escribir su propia historia, siguiendo sus sentimientos, tanto buenos como malos, independientemente del resultado.

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